13
oct

Las tabarras de la 1

marilo

En TVE suele haber un error en el concepto de servicio público. Ellos piensan que significa aburrimiento. “Las mañanas de la 1” es un claro ejemplo de programa difícil de ver. Sus intenciones son buenas, las cosas como son. Pero no se puede hacer un programa tan largo, unas cuatro horas, con un tono soporífero. Pensar que un espectador/a pueda interesarse en todos los temas que tratan resulta una utopía. Bajo las absurdas denominaciones de “saber reír”, “saber cocinar”, “saber lo que pasa” o, por supuesto, “saber vivir”, pretenden transmitirnos aspectos curiosos y necesarios para nuestra vida diaria. La realidad es que duermen a las ovejas. Y para ayudar en ese resultado, sus colaboradores. Cuando los directivos pensaron en nombres como los de Javier Capitán, Fernando Ónega o las chicas que hablan de sociedad, como Karmele Izaguirre (recién apuntadas al paro tras el corte de tiempo en “Las mañanas de Cuatro”), está claro que no se esforzaron mucho en diseñar el espacio. Lo que cuentan no se acerca ni de lejos al interés del televidente y sólo hay que cambiar de cadena para encontrarse temas más llamativos, a poco, en los programas de Susanna Grisso o Ana Rosa.

Su presentadora, Mariló Montero, no se encuentra en su salsa. Normal. Mucha belleza para tan poca pasarela. La manía de los jefes en esta época. Contratar a guapas y guapos más por sus rostros y cuerpos que por su soltura. Mariló desfila por el plató como si estuviera en esas mansiones de ricos por las que estas periodistas glamourosas de ahora parece que hayan residido toda su vida. Tan finas que cuando sus colaboradores dicen algo que ellas piensan con malicia, les replican con un “no seas tan malo”. Se meten a la cocina del plató cuando en sus casas tienen chicas que les hacen la comida y apenas recuerdan cómo se hace una tortilla. Y en la 1 no hablan de corazón, sólo de sociedad. Por eso, se creen con la capacidad de despreciar a los famosillos con un aire más “chic” pero hablando de ellos al final.

Mariló es una de las chicas Hermida que nacieron en aquel “A mi manera” vespertino. Su exjefe consiguió hacer de las mañanas del 87 al 89 un producto de calidad en TVE. Allí había temas dirigidos a las amas de casa pero también “play-backs”, actuaciones musicales (ahora ni de coña), concursos telefónicos sin timos, entrevistas a personalidades (de la Preysler o Lorenzo Lamas a Charlton Heston), sketches, debates, directos, noticias o series extranjeras de la talla de “Dinastía”. Ahora no se les pasa por la cabeza hacer algo parecido. Que se enteren los jefes más jóvenes. A finales de los 80, en “Por la mañana”, triunfó un periodista veterano llamado Javier Basilio haciendo un personaje entrañable incluso para los niños, emitían conciertos para los jóvenes (como “Hombres G”) y resultaban divertidos tratando cualquier tema. La palabra es “vidilla”. Así que la Montero debería cambiar todas sus secciones por una, “saber entretener”. Y no digo nada de su sintonía, porque me lleva más escribir una línea que lo que les ha costado crearla.


4 Comentarios