10
jun

La España de La Esteban

A finales de los años setenta, don Alfredo Amestoy, toda una institución en el mundo televisivo, llevaba a cabo uno de los programas experimentales más revolucionarios del momento, “La España de los Botejara”. Se trataba de contemplar la realidad de las familias y los núcleos rurales, cámara en mano, y conociendo de cerca los hábitos y costumbres de todo un clan, el que daba nombre a la serie documental, los Botejara.

Aquel espacio inició una manera de trabajar en TVE, inédita hasta el momento, la de grabar a los ciudadanos sin que se dirijan a la cámara, como si no supieran que están siendo grabados durante la charla. Pasadas tres décadas, Telecinco ha incluido en su edición “Deluxe” de “Sálvame” una sección que iba para programa propio, “Los ojos de Belén”, en el que la “Princesa del Pueblo” se acerca a vivir nuevas experiencias, como el casting para una sala erótica. Magnífico logo con los ojos saltones de la Esteban.

Pese a que Telecinco no quedó muy convencida con el resultado, la audiencia sí le acompaña. Y lo más sorprendente, es un apartado interesante dentro de un programa que va hundiéndose con invitados en liquidación. Esta semana, Belén se hizo camarera en un hostal rural, demostrando su magnífica empatía con las clases sociales medias y bajas. Emocionándose con un cabrero, encariñándose con quienes la reprochan determinadas actitudes habituales en la colaboradora. Y es que esa es la mejor Belén, la que no habla de su vida.


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5
dic

El mejor intermedio

wyoming

No imaginaba que el Gran Wyoming me atraparía en sus redes, con la cantidad de temporadas que ya lleva en antena, pero lo ha hecho. Sus réplicas a los que les atacan y la mordacidad de sus comentarios sobre la actualidad diaria me han embaucado. Un acierto de la productora, que ya había encontrado el germen de “El intermedio” en aquella “guerra de los medios” de Quequé en Cuatro, “Noche H”.

No es algo nuevo que Wyoming diseccione con humor cuestiones sociales y políticas ya que sentenciaba, con igual acierto, en el original “Caiga quien caiga”, el de hace tres lustros ya en Tele 5. La crítica en televisión ha sido siempre objeto de censura por parte de los poderes fácticos, vetando pronto a los profesionales que se atrevieron a hablar alto y claro. En “El intermedio” dan palos a todos aunque se note claramente la idea general. A destacar, la graciosísima Thais Villas.

Otros que trataron la información desde un punto de vista humorístico fueron “Las noticias del guiñol” de Canal Plus, con el ingenio en forma de látex, y más humanidad que la que destilan impresentables como el individuo Sostres en Telemadrid. También dieron caña Javier Capitán y Flo en su “Informal”, remake comercial de aquellos discursos de Amestoy y José Antonio Plaza en “35 millones de españoles…mirando la peseta”. Hoy se mira al euro. Quien lo tenga, claro.


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18
oct

La espada de Damocles

risto

Tele 5 emite tres veces a la semana el espacio “G20” o lo que es lo mismo, la oportunidad de poner a caldo a todo aquel que pase por delante. Risto Mejide nació para la fama desde “Operación triunfo” y se le fue la mano en cuanto a críticas encarnizadas. Los pupilos de la Academia Musical le temían como si su futuro dependiese de aquellas valoraciones, excepto en las contadas acasiones en que se revelaron armados de valor. Risto dio el salto a presentador por esa carga de mala leche que ha demostrado rotundamente. Cae simpático el que es capaz de despellejar al rival si lo hace con una verborrea propia de un literato. Pero la nueva estrella mediática juega en un alambre muy fino que se puede romper, resultando cazado su cazador.

La ironía en TVE tuvo su máximo exponente en Alfredo Amestoy, un ácido periodista que analizaba la actualidad desde su palco incrustado en una pantalla de televisión de cartón. A través de programas como “Ver para creer”, “35 millones de españoles” o “Visto y no visto”, Alfredo satirizaba acerca de lo que había llamado la atención esa semana, los personajes que habían dado la nota, las declaraciones más sorprendentes y los momentos más curiosos de la programación. Pese a que en los años 70 no reinaba un clima de libertad a la hora de decir lo que se pensaba, Amestoy podía jugar con la actualidad sin dañar a nadie. Dominando la palabra, diciendo lo mismo que se dice en el “G20” pero desde un punto de vista menos hiriente. El ingenio de antes es superado por la inquina de ahora.

La veintena de protagonistas del momento a quienes poner en el disparadero de esa lista son sólo el ejemplo de aquellos con quienes no comulga el verdugo Risto. Sin la gracia (ni el flequillo) que Amestoy brindó al respetable público, el presentador del “G20” resulta difícil de seguir asiduamente. Es una simple curiosidad a quién va dirigido su dardo. No importa si ese día le cae mal Zapatero, Fernando Alonso o Curry Valenzuela. En otros tiempos, el medio sirvió para realzar el talento de quienes se lo merecían. Aquí, se estrujan las neuronas por buscar a la víctima más accesible. Con ese arma de doble filo de quienes se creen libertadores sociales para ganarse el cielo. Y el cielo es inalcanzable, como el objetivo de este programa.


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